La Asociación Hirigoyen contra el acoso laboral o mobbing tiene como objetivo ayudar a cuantos acuden como víctimas de superiores o compañeros o ambos, prestándoles escucha en primer lugar y después consejo para que puedan llevar con inteligencia sus casos, a menudo crónicos o de largo plazo y que implican también procesos judiciales, todo lo cual provoca un gran desgaste psíquico y físico.
miércoles, 13 de abril de 2011
Indemnización por acoso laboral que usó el método de aislamiento
Los tribunales elevan indemnización por el daño moral sufrido por el acoso en el trabajo
Publicado el 09/06/2008, por José Mª López Agúndez. Madrid
El Tribunal Superior de Justicia de La Rioja ha indemnizado con 70.000 euros el daño moral de un funcionario que sufrió acoso laboral al ser aislado de su puesto. Se trata de una cuantía poco frecuente que puede marcar una tendencia para otros tribunales en el futuro.
Las indemnizaciones por el daño moral que resulte de sufrir acoso (mobbing) en el trabajo están en una fase ascendente. Una sentencia de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja ha concedido 70.000 euros a un funcionario que fue aislado de su puesto de trabajo en lo que puede marcar una tendencia en el ámbito de los tribunales a elevar las reparaciones por este concepto.
El empleado se reincorporó al trabajo después de un proceso de incapacidad temporal, momento en el que sus superiores le desposeyeron de sus funciones como jefe de sección, adjudicándolas a un antiguo subordinado. El trabajador recibió una nueva jefatura de sección, sin contenido y prevista para realizar una labor de control en la que no disponía de medios materiales y ni personales. Además, el empleado fue aislado de sus compañeros en un despacho individual y apartado, sin personal a su cargo, por haber quedado todo el que antes tenía bajo la dirección de su antiguo subordinado.
El tribunal explica que “la jurisprudencia del Tribunal Supremo es unánime en todas sus salas: los daños morales no son medibles por su propia naturaleza, de modo que la indemnización guarda relación con las condiciones económicas de la sociedad y de los implicados, el grado de desarrollo social, los baremos indemnizatorios, etcétera”.
De largo alcance
A ello añade que la compensación alcanza “no sólo al sufrimiento personal de las vícitmas ligado al hecho punible, sino que tiene un amplio espectro, de modo que acoge también el sentimiento de la dignidad lastimada o vejada, el daño psicológico y la perturbarción en el normal desarrollo de la personalidad”.
La propia sentencia recoge otros precedentes de tribunales que han indemnizado claramente a la baja. Por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo de 21-VII-2001 que cifró el daño moral en 4.500 euros, un fallo del Tribunal Superior de Justicia de Galicia que estimó el daño en 4.000 euros y otra del Tribunal de Justicia de la UE que concedió 8.000 euros.
Lo relevante de esta sentencia es que teniendo en cuenta la doctrina del Supremo sobre el daño moral y tales antecedentes, multiplica la cuantía por 14, ya que la Administración concedió al trabajador 5.000 euros por el daño moral, precisamente apoyándose en los precedentes citados. La Administración entendía que el trabajador no había justificado de forma suficiente la cuantía del daño.
Criterios para tener en cuenta
Sin embargo, el tribunal de La Rioja sustenta su decisión en tres criterios para fijar la indemnización del daño moral: el acoso permanente, los días de baja (que alcanzaron un año y medio) y el padecimiento posterior de un cuadro de depresión reactiva, “como consecuencia de un proceso de acoso laboral”.
Según explica el fallo (de 6-XI-2007), es “adecuada” la cuantía de 70.000 euros porque “no se debe minusvalorar económicamente las lesiones a la dignidad de las personas. Como afirma el Tribunal Constitucional, la dignidad de la persona es un valor espiritual y moral inherente a ella que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”.
Como apunta María Jesús Herrera, socio de Sagardoy Abogados, “la sentencia eleva mucho la indemnización y no está dentro de los parámetros normales; fallos con cuantías elevadas, que se dictaron en 2007, son una del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que concedió 32.000 euros y otra de su homólogo en Castilla-La Mancha, que indemnizó un caso de mobbing con 56.000 euros”. Para Herrera, aunque la sentencia de La Rioja sea de un tribunal contencioso “se puede extrapolar al ámbito de los tribunales del Orden Social, aunque no sea vinculante”. De esta forma, sentencias como la del tribunal riojano o la del manchego, rompen una tendencia bajista en este tipo de indemnizaciones.
Fuente: http://www.expansion.com/edicion/exp/juridico/es/desarrollo/1133003.html
Publicado el 09/06/2008, por José Mª López Agúndez. Madrid
El Tribunal Superior de Justicia de La Rioja ha indemnizado con 70.000 euros el daño moral de un funcionario que sufrió acoso laboral al ser aislado de su puesto. Se trata de una cuantía poco frecuente que puede marcar una tendencia para otros tribunales en el futuro.
Las indemnizaciones por el daño moral que resulte de sufrir acoso (mobbing) en el trabajo están en una fase ascendente. Una sentencia de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja ha concedido 70.000 euros a un funcionario que fue aislado de su puesto de trabajo en lo que puede marcar una tendencia en el ámbito de los tribunales a elevar las reparaciones por este concepto.
El empleado se reincorporó al trabajo después de un proceso de incapacidad temporal, momento en el que sus superiores le desposeyeron de sus funciones como jefe de sección, adjudicándolas a un antiguo subordinado. El trabajador recibió una nueva jefatura de sección, sin contenido y prevista para realizar una labor de control en la que no disponía de medios materiales y ni personales. Además, el empleado fue aislado de sus compañeros en un despacho individual y apartado, sin personal a su cargo, por haber quedado todo el que antes tenía bajo la dirección de su antiguo subordinado.
El tribunal explica que “la jurisprudencia del Tribunal Supremo es unánime en todas sus salas: los daños morales no son medibles por su propia naturaleza, de modo que la indemnización guarda relación con las condiciones económicas de la sociedad y de los implicados, el grado de desarrollo social, los baremos indemnizatorios, etcétera”.
De largo alcance
A ello añade que la compensación alcanza “no sólo al sufrimiento personal de las vícitmas ligado al hecho punible, sino que tiene un amplio espectro, de modo que acoge también el sentimiento de la dignidad lastimada o vejada, el daño psicológico y la perturbarción en el normal desarrollo de la personalidad”.
La propia sentencia recoge otros precedentes de tribunales que han indemnizado claramente a la baja. Por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo de 21-VII-2001 que cifró el daño moral en 4.500 euros, un fallo del Tribunal Superior de Justicia de Galicia que estimó el daño en 4.000 euros y otra del Tribunal de Justicia de la UE que concedió 8.000 euros.
Lo relevante de esta sentencia es que teniendo en cuenta la doctrina del Supremo sobre el daño moral y tales antecedentes, multiplica la cuantía por 14, ya que la Administración concedió al trabajador 5.000 euros por el daño moral, precisamente apoyándose en los precedentes citados. La Administración entendía que el trabajador no había justificado de forma suficiente la cuantía del daño.
Criterios para tener en cuenta
Sin embargo, el tribunal de La Rioja sustenta su decisión en tres criterios para fijar la indemnización del daño moral: el acoso permanente, los días de baja (que alcanzaron un año y medio) y el padecimiento posterior de un cuadro de depresión reactiva, “como consecuencia de un proceso de acoso laboral”.
Según explica el fallo (de 6-XI-2007), es “adecuada” la cuantía de 70.000 euros porque “no se debe minusvalorar económicamente las lesiones a la dignidad de las personas. Como afirma el Tribunal Constitucional, la dignidad de la persona es un valor espiritual y moral inherente a ella que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida”.
Como apunta María Jesús Herrera, socio de Sagardoy Abogados, “la sentencia eleva mucho la indemnización y no está dentro de los parámetros normales; fallos con cuantías elevadas, que se dictaron en 2007, son una del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que concedió 32.000 euros y otra de su homólogo en Castilla-La Mancha, que indemnizó un caso de mobbing con 56.000 euros”. Para Herrera, aunque la sentencia de La Rioja sea de un tribunal contencioso “se puede extrapolar al ámbito de los tribunales del Orden Social, aunque no sea vinculante”. De esta forma, sentencias como la del tribunal riojano o la del manchego, rompen una tendencia bajista en este tipo de indemnizaciones.
Fuente: http://www.expansion.com/edicion/exp/juridico/es/desarrollo/1133003.html
domingo, 10 de abril de 2011
Testigos mudos en el mobbing
Nuestra compañera del grupo Hirigoyen nos trajo esta imagen conocida de los tres clásicos monos tras sus vacaciones. Le vio un sentido, el de los testigos mudos, los colegas del trabajo que se llaman así en la teoría del mobbing, que no quieren problemas y hacen como que no ven, ni oyen ni entienden, dejando solo al acosado, y haciéndose así cómplices del acosador por inhibición. Aunque afortunadamente, siempre hay alguien que tiene el valor suficiente y nos da su apoyo y comprensión.
miércoles, 30 de marzo de 2011
La reflexion de la víctima del acoso en el tiempo vacacional
En verano explica Iñaki Piñuel, experto en mobbing, es cuando uno se replantea todo y se hace balance. El ACOSO EN EL TRABAJO es un problema que típicamente acaba manifestándose cuando rompes en los periodos vacacionales con el ritmo habitual.
Porque la persona aguanta y aguanta y llegan las vacaciones y se pregunta: ¿pero qué me está pasando? O simplemente se da cuenta de que estando un mes sin ir al trabajo todo los síntomas remiten.
Por eso es excelente la llegada de las vacaciones, salir del ambiente tóxico, como si estuviera expuesto a una sustancia cancerígena, en el que se le HOSTIGA, NINGUNEA, HUMILLA y DEGRADA y, además, se le hace todo eso con su propia participación, ya que el trabajador se autoinculpa, piensa que algo malo habrá hecho, en qué se habrá equivocado, y, no encontrando nada, empieza a somatizar el daño.
Es el mobbing, que es una persecución, un comportamiento que busca ir a destruir a un trabajador, a excluirle, y, desde luego, no es parte de ningún empleo expulsar al que hace el trabajo, como no es parte del trabajo que te destruyan por trabajar, y eso nunca puede ser admitido como parte del salario.
Porque cuando hablamos de las somatizaciones que provoca este acoso hablamos de cosas muy graves y no de que le duele a uno un poco la espalda por estrés.
Hay víctimas de acoso que hacen cardiopatías y cánceres; hay gente que se pone al volante de su coche y se suicida, y muchos de ellos no tienen siquiera conocimiento de la causa, piensan que están enfermos, que no pueden con sus vidas, con sus tabajos, que, simplemente, están deprimidos».
¿Qué hice para merecerlo?
Ante este panorama acongojante, ¿hay alguien que pueda merecer un acoso así?
Piñuel es tajante: «No hay nada que una persona haya hecho para merecer eso. La VICTIMA de mobbing siempre es INOCENTE.
No sólo es que no haya hecho nada para sufrir esta agresión sino que, precisamente, lo que explica que se le haga mobbing es que NO SE LE PUEDE DESPEDIR ELEGANDO QUE DESEMPEÑA MAL SU TRABAJO, porque realmente se trata de un empleado brillante, válido, al que sólo se puede eliminar por técnicas perversas».
Puesta la situación sobre la mesa, la segunda cuestión es identificar plenamente al AGRESOR, un elemento envidioso, ruin y miserable, cuyo perfil, sin ninguna duda para este experto es el de un psicópata, que padece en muchísimos casos un trastorno narcisista de la personalidad.
«Son personas que viven un profundo complejo de inferioridad, piensan que no poseen ningún valor que pueda justificar el puesto de trabajo que ocupan y que se comportan acreditando todo lo contrario con grandes declaraciones acerca de lo que valen; unos escaparatistas que cuidan al máximo su físico, exhiben trajes, cabezas de peluquería, relojes caros... lo que sea con tal de mostrar el valor supuesto de las personas que los poseen; además, tienden a rodearse en sus equipos de trabajadores mucho más mediocres que ellos, que no les amenazan profesionalmente, generalmente, trepas y pelotas.
Igual que el psicópata criminal, el psicópata ORGANIZACIONAL mata, aunque psicológicamente, sin atisbo de sentir culpabilidad, y a la vez con enorme capacidad de encantar a la gente, hasta el punto de colárseles a los psicólogos en las selecciones laborales y a los altos ejecutivos; trepan rápidamente, llegan arriba, y entonces sus efectos son demoledores».
«Es complicado, pero la clave está en que las víctimas de mobbing hagan frente a su verdugo. Mirar a otro lado, pensar que no hay mal que cien años dure, que se le pasará, que a ver si le promocionan, que... ¡a ver si se muere! Pues no queda. Todo el mensaje central es romper esa unanimidad contra la víctima que el psicópata ha logrado.
Y nosotros nos preguntamos ¿y a quién no le han hecho la vida imposible en su trabajo?
Entonces el investigador salta: «¡Pero en nombre de qué va a ser normal que te destruyan en tu puesto laboral!
Que sea un problema de siempre no quiere decir que haya que trivializarlo. He descubierto en los salmos de la Biblia descripciones ?de libro? de acoso moral que padecía el salmista. Y ahí está la historia de Caín y Abel. ¿Por qué mató el primero al segundo? Ni más ni menos que por ENVIDIA, la causa última del mobbing».
Porque la persona aguanta y aguanta y llegan las vacaciones y se pregunta: ¿pero qué me está pasando? O simplemente se da cuenta de que estando un mes sin ir al trabajo todo los síntomas remiten.
Por eso es excelente la llegada de las vacaciones, salir del ambiente tóxico, como si estuviera expuesto a una sustancia cancerígena, en el que se le HOSTIGA, NINGUNEA, HUMILLA y DEGRADA y, además, se le hace todo eso con su propia participación, ya que el trabajador se autoinculpa, piensa que algo malo habrá hecho, en qué se habrá equivocado, y, no encontrando nada, empieza a somatizar el daño.
Es el mobbing, que es una persecución, un comportamiento que busca ir a destruir a un trabajador, a excluirle, y, desde luego, no es parte de ningún empleo expulsar al que hace el trabajo, como no es parte del trabajo que te destruyan por trabajar, y eso nunca puede ser admitido como parte del salario.
Porque cuando hablamos de las somatizaciones que provoca este acoso hablamos de cosas muy graves y no de que le duele a uno un poco la espalda por estrés.
Hay víctimas de acoso que hacen cardiopatías y cánceres; hay gente que se pone al volante de su coche y se suicida, y muchos de ellos no tienen siquiera conocimiento de la causa, piensan que están enfermos, que no pueden con sus vidas, con sus tabajos, que, simplemente, están deprimidos».
¿Qué hice para merecerlo?
Ante este panorama acongojante, ¿hay alguien que pueda merecer un acoso así?
Piñuel es tajante: «No hay nada que una persona haya hecho para merecer eso. La VICTIMA de mobbing siempre es INOCENTE.
No sólo es que no haya hecho nada para sufrir esta agresión sino que, precisamente, lo que explica que se le haga mobbing es que NO SE LE PUEDE DESPEDIR ELEGANDO QUE DESEMPEÑA MAL SU TRABAJO, porque realmente se trata de un empleado brillante, válido, al que sólo se puede eliminar por técnicas perversas».
Puesta la situación sobre la mesa, la segunda cuestión es identificar plenamente al AGRESOR, un elemento envidioso, ruin y miserable, cuyo perfil, sin ninguna duda para este experto es el de un psicópata, que padece en muchísimos casos un trastorno narcisista de la personalidad.
«Son personas que viven un profundo complejo de inferioridad, piensan que no poseen ningún valor que pueda justificar el puesto de trabajo que ocupan y que se comportan acreditando todo lo contrario con grandes declaraciones acerca de lo que valen; unos escaparatistas que cuidan al máximo su físico, exhiben trajes, cabezas de peluquería, relojes caros... lo que sea con tal de mostrar el valor supuesto de las personas que los poseen; además, tienden a rodearse en sus equipos de trabajadores mucho más mediocres que ellos, que no les amenazan profesionalmente, generalmente, trepas y pelotas.
Igual que el psicópata criminal, el psicópata ORGANIZACIONAL mata, aunque psicológicamente, sin atisbo de sentir culpabilidad, y a la vez con enorme capacidad de encantar a la gente, hasta el punto de colárseles a los psicólogos en las selecciones laborales y a los altos ejecutivos; trepan rápidamente, llegan arriba, y entonces sus efectos son demoledores».
«Es complicado, pero la clave está en que las víctimas de mobbing hagan frente a su verdugo. Mirar a otro lado, pensar que no hay mal que cien años dure, que se le pasará, que a ver si le promocionan, que... ¡a ver si se muere! Pues no queda. Todo el mensaje central es romper esa unanimidad contra la víctima que el psicópata ha logrado.
Y nosotros nos preguntamos ¿y a quién no le han hecho la vida imposible en su trabajo?
Entonces el investigador salta: «¡Pero en nombre de qué va a ser normal que te destruyan en tu puesto laboral!
Que sea un problema de siempre no quiere decir que haya que trivializarlo. He descubierto en los salmos de la Biblia descripciones ?de libro? de acoso moral que padecía el salmista. Y ahí está la historia de Caín y Abel. ¿Por qué mató el primero al segundo? Ni más ni menos que por ENVIDIA, la causa última del mobbing».
martes, 29 de marzo de 2011
Por qué se inicia el mobbing. Inicio del acoso laboral.
En primer lugar hay que poner el foco en el agresor. Es por lo general un superior jerárquico o propietario de la empresa, pero también puede ser un compañero de trabajo, o bien una combinación de ambos. El acosador cuenta además con la inhibición de los que rodean el caso y por tanto con una impunidad. Estos que se inhiben son compañeros que miran para otro lado. Al principio la víctima cree que los superiores de su superior acosador tendrán sentido de justicia y que actuarán con objetividad defendiéndole y poniendo las cosas en su sitio. Esta esperanza suele resultar infundada debido a que es más cómodo dar la razón al acosador o acosadores, prefiriendo quitarse de encima a la víctima, sobre todo si el acosador tiene mucha influencia (por ejemplo ser pariente de un socio del negocio).
En el origen del acoso laboral encontramos acosadores de notoria mediocridad humana, propensos a los celos y menospreciadores natos en el conjunto de su existencia; acosan a subordinados que temen les dejen en evidencia por su calidad profesional o moral. Por eso, desde el principio de entrar en un trabajo hay que tener cuidado de no blasonar de eficacia, honradez, sentido de justicia y menos de ir con la frente muy alta, sin dar lecciones de nada; esto es de sentido común, una mayoría consigue hacer bien esta entrada en la escena laboral, pero quien no lo consigue verá que si hay personalidades acosadoras en el entorno se le echarán encima.
Una vez se desata la pugna contra el acosado, éste puede confiar demasiado en su capacidad de lucha, pero debe antes de ponerse a la lucha que será siempre de desgaste, considerar cuáles son los apoyos del contrario a menudo no visibles. Si el acosado es persona sola, que está ella sola con sólo sus principios morales, verá que el acosador o acosadores se envalentonan y no pararán hasta degradarle poco a poco, hacerle ir de baja médica y finalmente conseguir la huida laboral que es su objetivo.
Por eso es importante no estar solo en un proceso de acoso y fortalecerse psicológicamente. Esto es lo que se ofrece en la asociación Hirigoyen de Bilbao, que no es un grupo de presión o defensa inmediata, sino un entorno donde la víctima puede comunicarse, escuchar otras experiencias, ver que no es el único caso en su género y aprender técnicas de superviviencia frente al acoso, un proceso generalmente de larga duración y capaz de dañar no sólo a la vícitma sino a la familia que convive con él.
En el origen del acoso laboral encontramos acosadores de notoria mediocridad humana, propensos a los celos y menospreciadores natos en el conjunto de su existencia; acosan a subordinados que temen les dejen en evidencia por su calidad profesional o moral. Por eso, desde el principio de entrar en un trabajo hay que tener cuidado de no blasonar de eficacia, honradez, sentido de justicia y menos de ir con la frente muy alta, sin dar lecciones de nada; esto es de sentido común, una mayoría consigue hacer bien esta entrada en la escena laboral, pero quien no lo consigue verá que si hay personalidades acosadoras en el entorno se le echarán encima.
Una vez se desata la pugna contra el acosado, éste puede confiar demasiado en su capacidad de lucha, pero debe antes de ponerse a la lucha que será siempre de desgaste, considerar cuáles son los apoyos del contrario a menudo no visibles. Si el acosado es persona sola, que está ella sola con sólo sus principios morales, verá que el acosador o acosadores se envalentonan y no pararán hasta degradarle poco a poco, hacerle ir de baja médica y finalmente conseguir la huida laboral que es su objetivo.
Por eso es importante no estar solo en un proceso de acoso y fortalecerse psicológicamente. Esto es lo que se ofrece en la asociación Hirigoyen de Bilbao, que no es un grupo de presión o defensa inmediata, sino un entorno donde la víctima puede comunicarse, escuchar otras experiencias, ver que no es el único caso en su género y aprender técnicas de superviviencia frente al acoso, un proceso generalmente de larga duración y capaz de dañar no sólo a la vícitma sino a la familia que convive con él.
jueves, 24 de marzo de 2011
Más de diez años con las víctimas del acoso laboral desde Bilbao
La Asociación Hirigoyen abre este blog para informar de su actividad en favor de quienes sufren acoso laboral en sus empresas.
Nos reunimos los martes a las 6 de la tarde en el edificio Bolunta, creado por el Ayuntamiento de Bilbao para dar cobertura a las distintas asociaciones y ONG. Está en la calle Ronda de Bilbao cerca de San Antón.
Ya son cientos las personas que han pasado por nuestra institución, encontrando acogida y consejo, primero en los locales de Basurto y ahora en Bolunta.
Lo más importante es que las víctimas han encontrado quien les escuchase y han podido coger fuerzas para los procesos de marginación y provocación que sufren en sus puestos de trabajo, muchos de los cuales conllevan procesos judiciales con el consiguiente desgaste psicológico y vital.
Nos reunimos los martes a las 6 de la tarde en el edificio Bolunta, creado por el Ayuntamiento de Bilbao para dar cobertura a las distintas asociaciones y ONG. Está en la calle Ronda de Bilbao cerca de San Antón.
Ya son cientos las personas que han pasado por nuestra institución, encontrando acogida y consejo, primero en los locales de Basurto y ahora en Bolunta.
Lo más importante es que las víctimas han encontrado quien les escuchase y han podido coger fuerzas para los procesos de marginación y provocación que sufren en sus puestos de trabajo, muchos de los cuales conllevan procesos judiciales con el consiguiente desgaste psicológico y vital.
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