lunes, 20 de abril de 2015

Indemnización por falta de protección ante el acoso

Este enlace recoge una interesante sentencia del Tribunal de Justicia del País Vasco, que si bien no reconoce mobbing directo para un caso de aislamiento inducido en el trabajo, sí exige indemnización por las secuelas derivadas de ese hecho.

Indemnización pro falta de prevención del acoso laboral

Pero deben dar un paso adelante los tribunales, que parecen querer evitar a toda costa la imputación por acoso laboral y todo reconocimiento al mismo.  El primer responsable es el que hace mobbing y debe pagar personalmente, no eximirle en la práctica haciendo que sólo pague el subsidiario, la empresa o institución pública. Hacer mobbing no puede salir gratis.
Piensen los ejecutores jurídicos si no deben introducir la figura del crimen psíquico de gota malaya, el que se comete por acumulación de pequeñas dosis de agresión, igual que existe el envenenamiento acumulativo.

Urge la protección del empleado denunciante

Una de las causas de mobbing y de despido fulminante es la denuncia de corrupción en instituciones y empresas. El caso de Maite Carol, difundido en la Sexta, es paradigmático. Se atrevió a denunciar corrupción urbanística y fue despedida en poco tiempo al ser interina. Antes y después del despido, un largo calvario.

Maite Carol: "El alcalde me rompía los informes que yo hacía y se reía"

La exinterventora del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, Maite Carol ha explicado en el programa 'El Objetivo' las presiones que sufrió por parte del exalcalde, implicado en el caso Pretoria: "Hubo momentos muy tensos. Sentí mucha soledad". Carol ha participado en el documental 'Corrupción: el organismo nocivo', donde relata su experiencia: "Después de denunciar me atacaron de una forma muy dura". "El alcalde se reía de mi trabajo pero yo creía que esa era mi labor", afirma, y no se arrepiente de nada: "No pueden creer que por estar en la Alcaldía pueden hacer cualquier cosa".
Cuando testificó ante el juez Baltasar Garzón, (cesado a su vez poco después) éste ya le preguntó por qué el Consistorio la había destituido en "todos los consejos de administración". "Me han sacado de todos los canales de información", responde Carol, y el juez prosigue: "Como medida de represalia por su colaboración con la investigación". Según la ex interventora, la nueva alcaldesa le dijo que la desposeía de sus funciones para que se concentrara en sus informes. "Entonces yo hablé con la alcaldesa, en privado, le pedí una entrevista y me dijo literalmente: 'Yo no soy un florero y o va a tu cara o a la mía".

"Todo aquel funcionario que denuncia es expulsado del sistema"

El periodista de 'El Mundo' Esteban Urreiztieta ha asegurado en 'El Objetivo' que "algo funciona mal cuando personas como Maite Carol son una excepción", en referencia a la exinterventora del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet que denunció el caso Pretoria de corrupción urbanística. "Todo aquel funcionario que denuncia es expulsado del sistema", ha lamentado, y es que, en su opinión, "hay un interés político para no dotar de medios a la Justicia".

¿Qué ocurre en otros países cuando alguien decide denunciar un caso de corrupción?

El programa 'El Españolisto' investiga si España es una excepción en el tema de la corrupción. Nuestro país no tiene prácticamente legislación para proteger a los que denuncian de buena fe las corruptelas que ven a su alrededor. Y los mejor situados para esa denuncia son los que están dentro del sistema, testigos por su condición de empleados o trabajadores públicos. Pero, ¿qué ocurre en otros países? Uno de los más avanzados es Reino Unido, que en 1998 aprobó una extensa normativa de atención al denunciante, copiada por Irlanda o Japón. Esta ley impide que una empresa despida a un trabajador por denunciar una irregularidad. Además, ofrece la posibilidad de conseguir indemnizaciones si el trabajador estima que ha sufrido algún tipo de represalia. Para España es, lamentablemente, una asignatura pendiente.




lunes, 2 de marzo de 2015

El cambio de contingencia laboral, victoria parcial

He aquí un enlace a un muy interesante caso contado con todo lujo de detalles sobre el mobbing y el cambio de contingencia laboral, que puede ayudar a afectados que se encuentran con el muro de la falta de reconocimiento y que debiera hacer reflexionar a la judicatura, para introducir la figura de las consecuencias por acoso más allá del "accidente laboral"(sic que es una burla):

http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_877.shtml

Si el maltrato psíquico está reconocido en las relaciones de género ¿por qué no en las relaciones laborales? Una persona hundida moral y físicamente por acoso, no sufre un accidente, sino un crimen moral y como tal debe ser reconocido, llamarle accidente laboral es un eufemismo que revela voluntad de ocultación de judicatura y poderes públicos. Si alguien dice tener acoso y está más fresco que unas rosas, sabemos que miente, pero si está hundido y no es por adicciones, rupturas familiares, ruina económica o causas extralaborales fáciles de establecer,entonces que se tipifique como filocrimen. Y en las administraciones públicas que deje de pagar el Estado lo que debe pagar el acosador. Porque hoy el acoso se financia con el dinero de todos, aunque el coste es pequeño, porque la judicatura se defiende con uñas y dientes incluso contra las pruebas más tumbativas, ninguneando toda evidencia.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El ciclo de frustración de la mujer en el trabajo

Las niñas, ya desde su adolescencia, sienten que si quieren llegar lejos no les basta con imitar a los chicos, sino que deben dar lo mejor de sí mismas y un poco más. La competición es dura, recuerda Davis-Laack, que explica cómo el estrés se encuentra ya presente en la infancia femenina. La psicóloga coincide con el análisis de Deresiewicz cuando señalaba que, para los jóvenes, el fracaso ya no es una opción, lo que tiene dos consecuencias negativas. Las etapas vitales de la mujer se suceden a mayor velocidad. Por una parte, la aversión al riesgo que manifiestan gran parte de los jóvenes contemporáneos, y que les conduce a evitar todos los retos, y por otra parte, el burnout a una edad temprana, un problema psicológico que solía manifestarse a una edad más avanzada. Sin embargo, el proceso que siguen hombres y mujeres es muy distinto, debido a las diferentes etapas de la carrera que suelen caracterizar la evolución laboral femenina. La psicóloga Barbara White las dividió en los siguientes cuatro grupos: el desarrollo temprano, la transición de principios de los 30, el asentamiento a punto de cumplir los 40 años y el éxito y el mantenimiento de este.
Al llegar a la mediana edad, algunas mujeres se dan cuenta de que el esfuerzo no merece la pena. (Corbis). Estas fases son más aceleradas en el caso de las mujeres que en el de los hombres, explica la psicóloga, puesto que es más difícil para ellas encontrar un equilibrio entre la vida personal –especialmente en lo que atañe a las relaciones de largo plazo y a ser madres– y la profesional. Por eso muchas al llegar a la cuarentena se dan cuenta de que han dedicado demasiado tiempo a un trabajo que no les hace felices y han descuidado su vida personal hasta el punto que les resulta complicado ponerse al día.
Hay que olvidarse de mantras como 'tengo que llegar más lejos', 'las buenas madres hacen muchas cosas' o 'lo puedo hacer todo yo sola'. La diferencia sustancial entre el burnout masculino y el femenino se encuentra, para Davis-Laack, en las diferentes fases del proceso. Como puso de manifiesto una investigación publicada en BMC Public Health, los hombres primero experimentan cinismo, y más tarde, cansancio, lo que provoca que sigan trabajando hasta que alcanzan la inmovilizadora ineficacia. Sin embargo, las mujeres sienten primero el cansancio, seguido por el cinismo y la ineficacia: esta alteración de factores provoca que ellas se sientan desencantadas antes con el trabajo, y es una buena explicaciónde porqué  el burnout femenino parece más extendido.
El consejo que propone la psicóloga para evitar esta situación es olvidar todas las nociones del éxito que nos han inculcado desde pequeños, tanto en el colegio como en la familia. Ello incluye olvidarse de los mantras antes indicados y otros como “tengo que llegar más lejos”, “lo importante son los demás, luego me preocuparé por mí” o “no puedo parecer débil”. Maldiciones que las mujeres se imponen a sí mismas y que consiguen que se sientan cada vez más quemadas con ese trabajo hasta que, finalmente, lo abandonan decepcionadas y con la sensación de que, efectivamente, ése es un mundo de hombres.

Artículo completo en: El Confidencial, alma, corazón y vida

viernes, 12 de diciembre de 2014

Hirigoyen y el Observatorio vasco del mobbing

La asociación Hirigoyen contra el acoso laboral lleva en funcionamiento más de diez años. Con solo el empeño de sus voluntarios -todos víctimas de mobbing- ha estado todo este tiempo recibiendo y orientando a los trabajadores que acudían en busca de ayuda. Ha sido un goteo de personas incesante, que puede ya cifrarse en cientos de afectados, cuyo número ha ido creciendo por diferentes causas en los últimos tiempos.
Una de las técnicas de acoso laboral consiste en la ignorancia premeditada de una persona, convertirle en "invisible". No es objetivo de la Asociación estar en los mentideros institucionales, pero no deja de generarnos extrañeza la absoluta falta de voluntad de contacto que entidades, con sello oficial, tienen respecto de Hirigoyen. Máxime si se trata del Observatorio Vasco de mobbing. Es cierto que su objetivo declarado es examinar sentencias y mejorar el saneamiento público relativo al acoso laboral por medio de disposiciones varias, es decir, observar y dirigir a distancia. Esta dimensión de la "distancia" resulta extraña, nosotros quisiéramos sabernos "observados" y saber el resultado de esa observación, pero sobre todo contamos con numerosas experiencias que podríamos aportar a los observadores, no necesitan hacer grandes esfuerzos, basta la comunicación. Se observa la vida salvaje, se observa desde lejos, se observa no queriendo ser vistos, se observa en la sombra, pero además de observar hay que comunicarse.
No puede ser que los afectados estén abandonados a su suerte y que una Asociación voluntarista sea la única que los acoja, siendo negada la más mínima ayuda, por el otro gran foco de responsabilidad sobre el acoso en el país vasco, que es la consejería de Empleo y políticas sociales. Mucho ruido y pocas nueces, mucha visibilidad y simbolismo prestigioso y ninguneo al verdadero trabajo con las víctimas.
El Observatorio tiene un enfoque judicial sobre todo, incluyendo los ámbitos de vigilancia y sanitarios concebidos prejudicialmente (inspección de trabajo, mutuas laborales, etc.). Pero existe una gran tarea intermedia que es la de solucionar las cosas antes de que el afectado por mobbing tenga que caer en el proceso judicial: a la desestabilización del acoso se suma la derivada del proceso judicial, podemos contar entonces con una persona rota cuando lleva inmersa en esta vorágine varios años. Este es el espacio que cubre Hirigoyen, el intermedio, el de evitar la ruptura interior del acosado. Una tarea tan importante respondida desde el silencio. Si hay tanto personaje distinguido, si hay tanta atención de las grandes instancias sociales al problema del mobbing, podría esperarse alguna cobertura de su parte hacia esta Asociación y éste no es el caso en absoluto.
Ellos saben que los psiquiatras no tienen otro medio que las pastillas para los acosados, los psiquiatras están en la impotencia y por eso remiten pacientes a nuestra Asociación, es decir, nada menos que el sistema público y privado de salud, recurre a Hirigoyen como última tabla de salvación para sus pacientes transtornados por el mobbing. Eso es cumplir una necesidad pública sin tener el menor reconocimiento ni ayuda. Toda una paradoja.
Sí hay un organismo al que los afectados de mobbing pueden dar gracias, y es a Bolunta que nos cede espacio en la calle Ronda, un dignísimo espacio, para un único día en la semana que podemos estar abiertos físicamente desde nuestro voluntarismo sin apoyos. Vaya para ellos todo nuestro reconocimiento.

martes, 28 de octubre de 2014

Los jueces y el fraude garantista: su efecto llamada al mobbing

Ganar un juicio sobre acoso laboral se ha hecho legendariamente difícil, sólo los casos ganados aparecen en la prensa, por eso, porque son excepcionales.
La mayoría de jueces son en extremo garantistas pero no en favor de la víctima sino del acosador, muy propio de esta era de buenismo. Tienen en mente la agenda políticamente correcta de evitar el "efecto llamada" a las denuncias por acoso, pero en realidad están creando el efecto llamada a los acosadores, que sabedores de su impunidad judicial, se han lanzado a prácticas cada vez más crueles, según lo que venimos sabiendo por muchos casos que acuden a nosotros.
Para que un acosado gane un pleito es necesaria una acumulación de pruebas, que necesita años de acumulación, tiempo más que suficiente para que el acosado se vaya antes por el sumidero del despido con mínima indemnización y seguro daño psicológico con destrucción familiar incluida.
Los jueces se ponen peor que los científicos con sus experimentos, rigor científico de éstos, rigor juridico aquellos, pero no cuentan con el rigor mortis de las víctimas.
El juez debe dejarse de garantismos bizantinos, e ir al meollo con unas simples averiguaciones:
- ¿Hay intención de despido por una indemnización irrisoria?
- Aplíquese una evaluación de psicopatía del acusado acosador.
- ¿El acosado está aguantando la destrucción progresiva por necesidad vital?
- ¿Es patente el deterioro psíquico y físico del acosado una vez descartadas otras causas como addicciones, drogas, o taras psíquicas precontrato?

El garantismo es una cosa y el fraude jurídico garantista es otra; y es fraude cuando no quiere ver que el acosado va a la muerte civil o física.A ver si comprenden que en este pais que presume de no tener pena de muerte, hay pena de muerte efectiva aplicada como esos venenos que actúan poco a poco en pequeñas dosis. Vale ya de tanto estupendismo legal hipócrita.

martes, 30 de septiembre de 2014

No emprendas luchas sin antes conocer si tienes un jefe psicópata o corrupto

Prevenir el acoso laboral no es sólo cuestión de protocolos, sino de que las víctimas potenciales estén advertidas de qué cosas pueden desencadenar el acoso. Y nadie suele creer que pueda ser una víctima potencial, por ceguera voluntaria o porque está demasiado seguro de sí mismo y de su fuerza.
Aunque hay estudios sobre personalidad propensa a sufrir acoso, no son fiables, pero sí podemos establecer tres tipos de acosados: 

-Los envidiables: Personas brillantes y atractivas pero consideradas como peligrosas o competitivas por los líderes implícitos del grupo que se sienten cuestionados. 
-Los vulnerables: Personas con alguna peculiaridad o defecto, o simplemente depresivos  necesitados  de afecto que dan la  impresión de ser inofensivos e indefensos
-Los que se ven como amenaza: Trabajadores activos, eficaces, que ponen en evidencia lo establecido y pretenden imponer reformas.

En nuestra experiencia es relativamente frecuente el caso de personas que intentan liderar al resto de empleados desde la vía sindical y afrontar los problemas de la relación con los superiores de manera directa y confrontativa. No cuentan con preparación para la gestión de las relaciones con los jefes y se exponen a que si el jefe o inmediato superior tiene componentes psicópatas -difíciles de ver a simple vista cuando todo va bien- empiece un proceso de destrucción.
Siendo personas idealistas las que hacen ese liderazgo para cambiar las cosas, creen que la recta es el punto más cercano entre dos puntos y en su misma bonhomía y falta de prevención revelan los huecos por donde la fiera del acosador que se despierta al ver amenazado el que cree que es su territorio, emprenderá el ataque tóxico.
Personas idealistas como son se creen que todas las instituciones que se presentan como buenas entenderán enseguida el problema y le apoyarán. Y aquí recibirá nuevos y a veces más graves mazazos: esas instituciones las dirigen personas que en contadas excepciones ven todo conflicto como una amenaza a su comodidad, y no harán justicia, es más cómodo que se vaya la víctima por el sumidero que hacer averiguaciones y poner las cosas en su sitio; en efecto, esta práctica la hemos visto con suma frecuencia en jueces, psiquiatras, instancias de la empresa como recursos humanos y sobre todo en los jefes superiores que endosan sistemáticamente al que hace acoso.
Los sindicatos, y más si el acosado empezó su lucha como representante electo, puede encontrarse con que ante el acoso el sindicato no pondrá la carne en el asador igual que lo hizo él. Y no por incompetencia sino porque tienen la experiencia de la falta de justicia, con casos muy documentados que fracasan judicialmente, con psiquiatras de las mutuas que están a generar "rehabilitados", con la impunidad de los acosadores en muchos casos anteriores. Saben que es una mala guerra de desgaste y la afrontan con muy poca motivación. De aquí viene otra decepción más para el acosado idealista. 
Las víctimas no saben qué connivencias puede haber entre un encargado y los jefes superiores, y cuando creen en la superioridad moral de los jefes de arriba, que de primeras le ponen cara comprensiva, es sólo para con el tiempo descubrir que son simples encubridores y para perder mucho tiempo en esperanzas de solución que no van a llegar; si los de arriba no cortan el acoso más que evidente no cuentes que lo harán en el futuro. De nuevo es más cómodo que la víctima se vaya por el sumidero.
Habría que impartir una formación a los futuros empleados que prevenga a los idealistas especialmente, que son los más propensos a sufrir acoso y que se tirarán a la piscina del conflicto con poca agua. Hay tantos que dicen es que yo voy siempre con la verdad por delante, pues ese es el problema y encima como te lo oiga un psicólogo lo tienes peor aún, creerá que necesitas una terapia de choque por narcisista.
Un perfil de acosado idealista es el de tipo predicador, le gusta dar lecciones morales, da imagen de sabelotodo, va de sobrado cuando dice las cosas, y al contar sus conflictos lo dice de un modo que nadie podría tener más razón que él en el mundo y no se da cuenta de que está llamando al acoso. Tiene todavía muchas lecciones que aprender sobre la realidad.