Ciñéndonos al ámbito judicial, la valoración legal del acoso moral es una tarea sumamente compleja, debido a una serie de características asociadas a este complejo fenómeno laboral:
-En primer lugar, uno de los elementos característicos del acoso psicológico en el lugar de trabajo es que no deja rastro ni secuelas visibles, excepto las propias del deterioro psicológico de la víctima.
-A su vez, en la actualidad no existe un acuerdo unánime a la hora de establecer la huella psíquica directa asociada al mobbing.
-Finalmente, no contamos con un protocolo de evaluación valido y fiable para establecer la veracidad de las declaraciones en las víctimas de acoso o para la determinación del daño psíquico asociado.
Teniendo en cuenta el estado de la cuestión, así como el aumento de las demandas judiciales a los peritos psicólogos en casos de acoso en el ámbito laboral, consideramos imprescindible la determinación del daño psicológico asociado al mobbing, así como la creación de un protocolo de evaluación fiable y válido que permita descartar en el ámbito judicial la existencia de simulación. En este contexto planteamos la presente investigación, la cual constituye una aproximación preliminar a la valoración legal de la huella psicológica asociada al mobbing. Específicamente, nos centraremos en capacidad de simulación, la efectividad de la misma y la capacidad discriminativa entre la sintomatología asociada al mobbing y la no asociada que poseen los sujetos.
Con el fin de contextualizar la presente comunicación, a continuación realizaremos una breve aproximación a la literatura existente en torno a la valoración psicológica del acoso moral en el ámbito judicial.
Valoración del daño psicológico por mobbing en el contexto legal
Tal y como adelantábamos en párrafos anteriores, la determinación del daño psicológico asociado al mobbing, constituye un elemento fundamental a la hora de determinar la existencia o no de dicho acoso. Sin embargo, en la actualidad no existe consenso a la hora de calificar la huella psicológica directa asociada a dicho fenómeno laboral. De hecho, ni siquiera existe una denominación oficial en el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) para el daño psicológico en el trabajo. No obstante, y a pesar de la discrepancia de opiniones, los estudios centrados en el análisis de las consecuencias psicoemocionales asociadas a este fenómeno han permitido discernir la sintomatología propia de una víctima de acoso. Así, según los datos aportados por las diferentes investigaciones en torno al tema, podemos diferenciar los siguientes grupos sintomáticos en las víctimas:
1) Cognitivos: estrés, ansiedad generalizada; sensación de amenaza permanente; agotamiento psicológico, físico y emocional; dudas sobre el propio equilibrio emocional y de las percepciones que un tiene de su situación; sentimientos de culpabilidad y responsabilidad; indefensión. A su vez, también se destacan los sentimientos de fracaso, impotencia y frustración; baja autoestima o apatía y problemas de concentración o atención.
2) Psicosomáticos: el estrés al que se ven sometidas las víctimas de acoso tiene efectos indirectos sobre su estado físico, presentando amplio elenco de somatizaciones: trastornos cardiovasculares (v.gr., hipertensión, arritmias, dolores en el pecho); trastornos musculares (v.gr., cefaleas tensionales; dolores lumbares y cervicales asociados a la tensión, temblores, hiperreflexia); trastornos respiratorios (p.e., hiperventilación, sensación de ahogo, sofocos); trastornos gastrointestinales (i.e., dolores abdominales, nauseas, vómitos, sequedad de boca) y; finalmente, también se destaca la alteración del deseo sexual (deseo sexual hipoactivo).
3) Sociales: Los efectos sociales del acoso laboral se caracteriza por la aparición de actitudes de desconfianza y conductas de aislamiento; evitación y retraimiento. Dichas consecuencias sociales también se manifiestan en las relaciones familiares tales como sentimientos de incomprensión; pérdida de ilusión e interés por los proyectos comunes; abandono de responsabilidades y compromisos familiares y; alteración de la afectividad.
Siguiendo a Hirigoyen, otro de los aspectos destacados como consecuencias del acoso, son las
modificaciones psíquicas estables, esto es cambios en la personalidad de la víctima. Estos cambios pueden adoptar tres patrones diferenciados: a) Predominio de rasgos obsesivos (actitud hostil y suspicacia, sentimiento crónico de nerviosismo, hipersensibilidad con respecto a las injusticias); b) Predominio de rasgos depresivos (sentimientos de indefensión, incapacidad para disfrutar y sentir placer, anhedonía, desesperanza aprendida) y finalmente, c) Resignación: aislamiento, sentimiento de alienación con respecto a la sociedad, actitud cínica hacia el entorno.
Tomado de Enlace
La Asociación Hirigoyen contra el acoso laboral o mobbing tiene como objetivo ayudar a cuantos acuden como víctimas de superiores o compañeros o ambos, prestándoles escucha en primer lugar y después consejo para que puedan llevar con inteligencia sus casos, a menudo crónicos o de largo plazo y que implican también procesos judiciales, todo lo cual provoca un gran desgaste psíquico y físico.
martes, 21 de julio de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
En la muerte de Angel Telo, nuestro presidente
El pasado 27 de abril fallecía don Angel Telo Gómez, presidente de la Asociación Hirigoyen y alma mater de la misma en los últimos años. Un nuevo fallo cardíaco, al que estaba abocado tras varios amagos en los últimos tiempos, lo apartó de la vida, a los 64 años de edad.
Vino a la Asociación para ayudar desde aquí a su esposa, sometida a duro acoso laboral; consiguió con su constancia y dedicación, importantes triunfos, no sólo para ella sino también para buena parte de los asociados -bien entendido que éstos se dejaban ayudar. Y seguía implicado en esta lucha sin cuartel que es la defensa de las víctimas de acoso, en procesos que duran varios años, siempre sin cansancio y fijando las mejores estrategias. No era abogado, pero su experiencia política, sus buenos amigos juristas y su propia sagacidad natural, le daban el acierto en las estrategias a adoptar.
Cansado de la política de partidos, dedicaba su acción en beneficio del entrañable y costero pueblo de Barrika, donde era vicepresidente de la agrupación independiente.
Fue un luchador por las libertades, producto típico de la generación de los años 50 cuyo estándar canónico se cumplió en él a la perfección, amante e investigador de la cultura vasca, pero sin abandonarse a las poltronas, por muy progresistas que fueran, inquieto de la cultura, hombre de radio, de radio independiente claro está, la radio de Uribe Costa, donde peroraba durante horas sobre cultura, sobre poesía y sobre todo lo habido y por haber, hasta que le obligaron a abandonar.
Se quejaba a veces de no haber sido lo buen padre que hubiera debido, pero de alguna manera volcaba su sentido paternal en las personas que veía acosadas, humilladas. Fue el paño de lágrimas de bastantes, víctimas del acoso laboral, que le llamaban a deshoras y él siempre estaba pendiente de ellos, si hacía falta les reñía porque se cerraban en sí mismas, comprensiblemente, pero poniendo en juego la estabilidad familiar, cuando demasiado a menudo falta la paciencia en los próximos a la víctima. Iba más allá de la problemática judicial y sabía aconsejar, siempre exigente eso sí, en todos los entresijos vitales que se ven afectados por el acoso.
Hubo un momento en que un sindicato quiso apoderarse de la asociación, a la que habría conseguido instrumentalizr, pero tuvieron que retirarse por la franca oposición de Angel; también supo marcar la línea para conjugar la terapia psicológica siempre necesaria con el combate ante las instituciones y profesionales, algunas veces implicados sobrevenidos del acoso, médicos, inspectores de trabajo, responsables de recursos humanos, etc. Y siempre tuvo muy claro, como cualquier observador puede constatar, el ninguneo general de todos hacia las víctimas del acoso, las internas y las institucionales con sólo tres excepciones entre los juristas, aunque no los nombraremos, que no se dejaban llevar del falso argumento del ninguneo judicial para evitar un supuesto efecto llamada. En realidad, se trata de una cultura dominante que en los frontispicios pone muy alto los derechos humanos, pero luego en la práctica considera que las víctimas son un fastidio y que lo mejor es tratarlas como culpables para que desistan.
Soñó con traer a Bilbao a Marie France Hirigoyen, la gran experta en acoso moral, de la que se tomó el nombre para la asociación, pero la distancia y escasez económica lo impidieron.
Con la crisis se negó toda ayuda pública a la asociación, una muy grave insensibilidad, si tenemos en cuenta que psiquiatras y psicólogos se ven impotentes ante el deterioro de las víctimas de acoso y nos derivan a muchos de ellos, lo que permite constatar el fracaso de instituciones con buenos presupuestos, asesores y organismos varios que llevan vitola de vigilantes victimales. La asociación sin presupuesto, sin amigos en el poder, en el trabajo independiente y de base, está siendo genuinamente eficaz en la ayuda real a las víctimas.
Al final de su vida, todo se concitaba contra él, con un acoso desde distintos frentes, sorprendentes por su intensidad, pero no dejaba de tener en la cabeza los casos de los asociados que llevaba directamente. Simplemente ya no podía más y su gran corazón dijo hasta aquí hemos llegado.
Dejó una gran huella en los asociados que más le tratamos y quedará siempre en la memoria de todos.
Descanse en paz.
Vino a la Asociación para ayudar desde aquí a su esposa, sometida a duro acoso laboral; consiguió con su constancia y dedicación, importantes triunfos, no sólo para ella sino también para buena parte de los asociados -bien entendido que éstos se dejaban ayudar. Y seguía implicado en esta lucha sin cuartel que es la defensa de las víctimas de acoso, en procesos que duran varios años, siempre sin cansancio y fijando las mejores estrategias. No era abogado, pero su experiencia política, sus buenos amigos juristas y su propia sagacidad natural, le daban el acierto en las estrategias a adoptar.
Cansado de la política de partidos, dedicaba su acción en beneficio del entrañable y costero pueblo de Barrika, donde era vicepresidente de la agrupación independiente.
Fue un luchador por las libertades, producto típico de la generación de los años 50 cuyo estándar canónico se cumplió en él a la perfección, amante e investigador de la cultura vasca, pero sin abandonarse a las poltronas, por muy progresistas que fueran, inquieto de la cultura, hombre de radio, de radio independiente claro está, la radio de Uribe Costa, donde peroraba durante horas sobre cultura, sobre poesía y sobre todo lo habido y por haber, hasta que le obligaron a abandonar.
Se quejaba a veces de no haber sido lo buen padre que hubiera debido, pero de alguna manera volcaba su sentido paternal en las personas que veía acosadas, humilladas. Fue el paño de lágrimas de bastantes, víctimas del acoso laboral, que le llamaban a deshoras y él siempre estaba pendiente de ellos, si hacía falta les reñía porque se cerraban en sí mismas, comprensiblemente, pero poniendo en juego la estabilidad familiar, cuando demasiado a menudo falta la paciencia en los próximos a la víctima. Iba más allá de la problemática judicial y sabía aconsejar, siempre exigente eso sí, en todos los entresijos vitales que se ven afectados por el acoso.
Hubo un momento en que un sindicato quiso apoderarse de la asociación, a la que habría conseguido instrumentalizr, pero tuvieron que retirarse por la franca oposición de Angel; también supo marcar la línea para conjugar la terapia psicológica siempre necesaria con el combate ante las instituciones y profesionales, algunas veces implicados sobrevenidos del acoso, médicos, inspectores de trabajo, responsables de recursos humanos, etc. Y siempre tuvo muy claro, como cualquier observador puede constatar, el ninguneo general de todos hacia las víctimas del acoso, las internas y las institucionales con sólo tres excepciones entre los juristas, aunque no los nombraremos, que no se dejaban llevar del falso argumento del ninguneo judicial para evitar un supuesto efecto llamada. En realidad, se trata de una cultura dominante que en los frontispicios pone muy alto los derechos humanos, pero luego en la práctica considera que las víctimas son un fastidio y que lo mejor es tratarlas como culpables para que desistan.
Soñó con traer a Bilbao a Marie France Hirigoyen, la gran experta en acoso moral, de la que se tomó el nombre para la asociación, pero la distancia y escasez económica lo impidieron.
Con la crisis se negó toda ayuda pública a la asociación, una muy grave insensibilidad, si tenemos en cuenta que psiquiatras y psicólogos se ven impotentes ante el deterioro de las víctimas de acoso y nos derivan a muchos de ellos, lo que permite constatar el fracaso de instituciones con buenos presupuestos, asesores y organismos varios que llevan vitola de vigilantes victimales. La asociación sin presupuesto, sin amigos en el poder, en el trabajo independiente y de base, está siendo genuinamente eficaz en la ayuda real a las víctimas.
Al final de su vida, todo se concitaba contra él, con un acoso desde distintos frentes, sorprendentes por su intensidad, pero no dejaba de tener en la cabeza los casos de los asociados que llevaba directamente. Simplemente ya no podía más y su gran corazón dijo hasta aquí hemos llegado.
Dejó una gran huella en los asociados que más le tratamos y quedará siempre en la memoria de todos.
Descanse en paz.
lunes, 20 de abril de 2015
Indemnización por falta de protección ante el acoso
Este enlace recoge una interesante sentencia del Tribunal de Justicia del País Vasco, que si bien no reconoce mobbing directo para un caso de aislamiento inducido en el trabajo, sí exige indemnización por las secuelas derivadas de ese hecho.
Indemnización pro falta de prevención del acoso laboral
Pero deben dar un paso adelante los tribunales, que parecen querer evitar a toda costa la imputación por acoso laboral y todo reconocimiento al mismo. El primer responsable es el que hace mobbing y debe pagar personalmente, no eximirle en la práctica haciendo que sólo pague el subsidiario, la empresa o institución pública. Hacer mobbing no puede salir gratis.
Piensen los ejecutores jurídicos si no deben introducir la figura del crimen psíquico de gota malaya, el que se comete por acumulación de pequeñas dosis de agresión, igual que existe el envenenamiento acumulativo.
Indemnización pro falta de prevención del acoso laboral
Pero deben dar un paso adelante los tribunales, que parecen querer evitar a toda costa la imputación por acoso laboral y todo reconocimiento al mismo. El primer responsable es el que hace mobbing y debe pagar personalmente, no eximirle en la práctica haciendo que sólo pague el subsidiario, la empresa o institución pública. Hacer mobbing no puede salir gratis.
Piensen los ejecutores jurídicos si no deben introducir la figura del crimen psíquico de gota malaya, el que se comete por acumulación de pequeñas dosis de agresión, igual que existe el envenenamiento acumulativo.
Urge la protección del empleado denunciante
Una de las causas de mobbing y de despido fulminante es la denuncia de corrupción en instituciones y empresas. El caso de Maite Carol, difundido en la Sexta, es paradigmático. Se atrevió a denunciar corrupción urbanística y fue despedida en poco tiempo al ser interina. Antes y después del despido, un largo calvario.
Maite Carol: "El alcalde me rompía los informes que yo hacía y se reía"
La exinterventora del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet,
Maite Carol ha explicado en el programa 'El Objetivo' las presiones que sufrió por
parte del exalcalde, implicado en el caso Pretoria: "Hubo momentos muy
tensos. Sentí mucha soledad". Carol ha participado en el documental
'Corrupción: el organismo nocivo', donde relata su experiencia: "Después
de denunciar me atacaron de una forma muy dura". "El alcalde se reía de
mi trabajo pero yo creía que esa era mi labor", afirma, y no se
arrepiente de nada: "No pueden creer que por estar en la Alcaldía pueden
hacer cualquier cosa".
Maite Carol: "El alcalde me rompía los informes que yo hacía y se reía"
La exinterventora del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet,
Maite Carol ha explicado en el programa 'El Objetivo' las presiones que sufrió por
parte del exalcalde, implicado en el caso Pretoria: "Hubo momentos muy
tensos. Sentí mucha soledad". Carol ha participado en el documental
'Corrupción: el organismo nocivo', donde relata su experiencia: "Después
de denunciar me atacaron de una forma muy dura". "El alcalde se reía de
mi trabajo pero yo creía que esa era mi labor", afirma, y no se
arrepiente de nada: "No pueden creer que por estar en la Alcaldía pueden
hacer cualquier cosa".
Cuando testificó ante el juez Baltasar Garzón, (cesado a su vez poco después) éste ya le preguntó por
qué el Consistorio la había destituido en "todos los consejos de
administración". "Me han sacado de todos los canales de información",
responde Carol, y el juez prosigue: "Como medida de represalia por su
colaboración con la investigación". Según la ex interventora, la nueva
alcaldesa le dijo que la desposeía de sus funciones para que se
concentrara en sus informes. "Entonces yo hablé con la alcaldesa, en
privado, le pedí una entrevista y me dijo literalmente: 'Yo no soy un
florero y o va a tu cara o a la mía".
"Todo aquel funcionario que denuncia es expulsado del sistema"
El periodista de 'El Mundo' Esteban Urreiztieta ha asegurado en 'El Objetivo' que "algo funciona mal cuando personas como Maite Carol son una excepción", en referencia a la exinterventora del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet que denunció el caso Pretoria de corrupción urbanística. "Todo aquel funcionario que denuncia es expulsado del sistema", ha lamentado, y es que, en su opinión, "hay un interés político para no dotar de medios a la Justicia".
¿Qué ocurre en otros países cuando alguien decide denunciar un caso de corrupción?
El programa 'El Españolisto' investiga si España es una excepción en el tema de la corrupción. Nuestro país no tiene prácticamente legislación para proteger a los que denuncian de buena fe las corruptelas que ven a su alrededor. Y los mejor situados para esa denuncia son los que están dentro del sistema, testigos por su condición de empleados o trabajadores públicos. Pero, ¿qué ocurre en otros países? Uno de los más avanzados es Reino Unido, que en 1998 aprobó una extensa normativa de atención al denunciante, copiada por Irlanda o Japón. Esta ley impide que una empresa despida a un trabajador por denunciar una irregularidad. Además, ofrece la posibilidad de conseguir indemnizaciones si el trabajador estima que ha sufrido algún tipo de represalia. Para España es, lamentablemente, una asignatura pendiente.
lunes, 2 de marzo de 2015
El cambio de contingencia laboral, victoria parcial
He aquí un enlace a un muy interesante caso contado con todo lujo de detalles sobre el mobbing y el cambio de contingencia laboral, que puede ayudar a afectados que se encuentran con el muro de la falta de reconocimiento y que debiera hacer reflexionar a la judicatura, para introducir la figura de las consecuencias por acoso más allá del "accidente laboral"(sic que es una burla):
http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_877.shtml
Si el maltrato psíquico está reconocido en las relaciones de género ¿por qué no en las relaciones laborales? Una persona hundida moral y físicamente por acoso, no sufre un accidente, sino un crimen moral y como tal debe ser reconocido, llamarle accidente laboral es un eufemismo que revela voluntad de ocultación de judicatura y poderes públicos. Si alguien dice tener acoso y está más fresco que unas rosas, sabemos que miente, pero si está hundido y no es por adicciones, rupturas familiares, ruina económica o causas extralaborales fáciles de establecer,entonces que se tipifique como filocrimen. Y en las administraciones públicas que deje de pagar el Estado lo que debe pagar el acosador. Porque hoy el acoso se financia con el dinero de todos, aunque el coste es pequeño, porque la judicatura se defiende con uñas y dientes incluso contra las pruebas más tumbativas, ninguneando toda evidencia.
http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_877.shtml
Si el maltrato psíquico está reconocido en las relaciones de género ¿por qué no en las relaciones laborales? Una persona hundida moral y físicamente por acoso, no sufre un accidente, sino un crimen moral y como tal debe ser reconocido, llamarle accidente laboral es un eufemismo que revela voluntad de ocultación de judicatura y poderes públicos. Si alguien dice tener acoso y está más fresco que unas rosas, sabemos que miente, pero si está hundido y no es por adicciones, rupturas familiares, ruina económica o causas extralaborales fáciles de establecer,entonces que se tipifique como filocrimen. Y en las administraciones públicas que deje de pagar el Estado lo que debe pagar el acosador. Porque hoy el acoso se financia con el dinero de todos, aunque el coste es pequeño, porque la judicatura se defiende con uñas y dientes incluso contra las pruebas más tumbativas, ninguneando toda evidencia.
jueves, 18 de diciembre de 2014
El ciclo de frustración de la mujer en el trabajo
Las niñas, ya
desde su adolescencia, sienten que si quieren llegar lejos no les basta
con imitar a los chicos, sino que deben dar lo mejor de sí mismas y un
poco más. La competición es dura, recuerda Davis-Laack, que explica cómo
el estrés se encuentra ya presente en la infancia femenina. La
psicóloga coincide con el análisis de Deresiewicz cuando señalaba que,
para los jóvenes, el fracaso ya no es una opción, lo que tiene dos consecuencias negativas. Las etapas vitales de la mujer se suceden a mayor velocidad. Por una parte, la aversión al riesgo que manifiestan gran parte de los jóvenes contemporáneos, y que les conduce a evitar todos los retos, y por otra parte, el burnout
a una edad temprana, un problema psicológico que solía manifestarse a
una edad más avanzada. Sin embargo, el proceso que siguen hombres y
mujeres es muy distinto, debido a las diferentes etapas de la carrera
que suelen caracterizar la evolución laboral femenina. La psicóloga Barbara White
las dividió en los siguientes cuatro grupos: el desarrollo temprano, la
transición de principios de los 30, el asentamiento a punto de cumplir
los 40 años y el éxito y el mantenimiento de este.
Al llegar a la mediana edad, algunas mujeres se dan cuenta de que el esfuerzo no merece la pena. (Corbis). Estas fases son más aceleradas en el caso de las mujeres que en el de los hombres, explica la psicóloga, puesto que es más difícil para ellas encontrar un equilibrio entre la vida personal –especialmente en lo que atañe a las relaciones de largo plazo y a ser madres– y la profesional. Por eso muchas al llegar a la cuarentena se dan cuenta de que han dedicado demasiado tiempo a un trabajo que no les hace felices y han descuidado su vida personal hasta el punto que les resulta complicado ponerse al día.
Hay que olvidarse de mantras como 'tengo que llegar más lejos', 'las buenas madres hacen muchas cosas' o 'lo puedo hacer todo yo sola'. La diferencia sustancial entre el burnout masculino y el femenino se encuentra, para Davis-Laack, en las diferentes fases del proceso. Como puso de manifiesto una investigación publicada en BMC Public Health, los hombres primero experimentan cinismo, y más tarde, cansancio, lo que provoca que sigan trabajando hasta que alcanzan la inmovilizadora ineficacia. Sin embargo, las mujeres sienten primero el cansancio, seguido por el cinismo y la ineficacia: esta alteración de factores provoca que ellas se sientan desencantadas antes con el trabajo, y es una buena explicaciónde porqué el burnout femenino parece más extendido.
El consejo que propone la psicóloga para evitar esta situación es olvidar todas las nociones del éxito que nos han inculcado desde pequeños, tanto en el colegio como en la familia. Ello incluye olvidarse de los mantras antes indicados y otros como “tengo que llegar más lejos”, “lo importante son los demás, luego me preocuparé por mí” o “no puedo parecer débil”. Maldiciones que las mujeres se imponen a sí mismas y que consiguen que se sientan cada vez más quemadas con ese trabajo hasta que, finalmente, lo abandonan decepcionadas y con la sensación de que, efectivamente, ése es un mundo de hombres.
Artículo completo en: El Confidencial, alma, corazón y vida
Al llegar a la mediana edad, algunas mujeres se dan cuenta de que el esfuerzo no merece la pena. (Corbis). Estas fases son más aceleradas en el caso de las mujeres que en el de los hombres, explica la psicóloga, puesto que es más difícil para ellas encontrar un equilibrio entre la vida personal –especialmente en lo que atañe a las relaciones de largo plazo y a ser madres– y la profesional. Por eso muchas al llegar a la cuarentena se dan cuenta de que han dedicado demasiado tiempo a un trabajo que no les hace felices y han descuidado su vida personal hasta el punto que les resulta complicado ponerse al día.
Hay que olvidarse de mantras como 'tengo que llegar más lejos', 'las buenas madres hacen muchas cosas' o 'lo puedo hacer todo yo sola'. La diferencia sustancial entre el burnout masculino y el femenino se encuentra, para Davis-Laack, en las diferentes fases del proceso. Como puso de manifiesto una investigación publicada en BMC Public Health, los hombres primero experimentan cinismo, y más tarde, cansancio, lo que provoca que sigan trabajando hasta que alcanzan la inmovilizadora ineficacia. Sin embargo, las mujeres sienten primero el cansancio, seguido por el cinismo y la ineficacia: esta alteración de factores provoca que ellas se sientan desencantadas antes con el trabajo, y es una buena explicaciónde porqué el burnout femenino parece más extendido.
El consejo que propone la psicóloga para evitar esta situación es olvidar todas las nociones del éxito que nos han inculcado desde pequeños, tanto en el colegio como en la familia. Ello incluye olvidarse de los mantras antes indicados y otros como “tengo que llegar más lejos”, “lo importante son los demás, luego me preocuparé por mí” o “no puedo parecer débil”. Maldiciones que las mujeres se imponen a sí mismas y que consiguen que se sientan cada vez más quemadas con ese trabajo hasta que, finalmente, lo abandonan decepcionadas y con la sensación de que, efectivamente, ése es un mundo de hombres.
Artículo completo en: El Confidencial, alma, corazón y vida
viernes, 12 de diciembre de 2014
Hirigoyen y el Observatorio vasco del mobbing
La asociación Hirigoyen contra el acoso laboral lleva en funcionamiento más de diez años. Con solo el empeño de sus voluntarios -todos víctimas de mobbing- ha estado todo este tiempo recibiendo y orientando a los trabajadores que acudían en busca de ayuda. Ha sido un goteo de personas incesante, que puede ya cifrarse en cientos de afectados, cuyo número ha ido creciendo por diferentes causas en los últimos tiempos.
Una de las técnicas de acoso laboral consiste en la ignorancia premeditada de una persona, convertirle en "invisible". No es objetivo de la Asociación estar en los mentideros institucionales, pero no deja de generarnos extrañeza la absoluta falta de voluntad de contacto que entidades, con sello oficial, tienen respecto de Hirigoyen. Máxime si se trata del Observatorio Vasco de mobbing. Es cierto que su objetivo declarado es examinar sentencias y mejorar el saneamiento público relativo al acoso laboral por medio de disposiciones varias, es decir, observar y dirigir a distancia. Esta dimensión de la "distancia" resulta extraña, nosotros quisiéramos sabernos "observados" y saber el resultado de esa observación, pero sobre todo contamos con numerosas experiencias que podríamos aportar a los observadores, no necesitan hacer grandes esfuerzos, basta la comunicación. Se observa la vida salvaje, se observa desde lejos, se observa no queriendo ser vistos, se observa en la sombra, pero además de observar hay que comunicarse.
No puede ser que los afectados estén abandonados a su suerte y que una Asociación voluntarista sea la única que los acoja, siendo negada la más mínima ayuda, por el otro gran foco de responsabilidad sobre el acoso en el país vasco, que es la consejería de Empleo y políticas sociales. Mucho ruido y pocas nueces, mucha visibilidad y simbolismo prestigioso y ninguneo al verdadero trabajo con las víctimas.
El Observatorio tiene un enfoque judicial sobre todo, incluyendo los ámbitos de vigilancia y sanitarios concebidos prejudicialmente (inspección de trabajo, mutuas laborales, etc.). Pero existe una gran tarea intermedia que es la de solucionar las cosas antes de que el afectado por mobbing tenga que caer en el proceso judicial: a la desestabilización del acoso se suma la derivada del proceso judicial, podemos contar entonces con una persona rota cuando lleva inmersa en esta vorágine varios años. Este es el espacio que cubre Hirigoyen, el intermedio, el de evitar la ruptura interior del acosado. Una tarea tan importante respondida desde el silencio. Si hay tanto personaje distinguido, si hay tanta atención de las grandes instancias sociales al problema del mobbing, podría esperarse alguna cobertura de su parte hacia esta Asociación y éste no es el caso en absoluto.
Ellos saben que los psiquiatras no tienen otro medio que las pastillas para los acosados, los psiquiatras están en la impotencia y por eso remiten pacientes a nuestra Asociación, es decir, nada menos que el sistema público y privado de salud, recurre a Hirigoyen como última tabla de salvación para sus pacientes transtornados por el mobbing. Eso es cumplir una necesidad pública sin tener el menor reconocimiento ni ayuda. Toda una paradoja.
Sí hay un organismo al que los afectados de mobbing pueden dar gracias, y es a Bolunta que nos cede espacio en la calle Ronda, un dignísimo espacio, para un único día en la semana que podemos estar abiertos físicamente desde nuestro voluntarismo sin apoyos. Vaya para ellos todo nuestro reconocimiento.
Una de las técnicas de acoso laboral consiste en la ignorancia premeditada de una persona, convertirle en "invisible". No es objetivo de la Asociación estar en los mentideros institucionales, pero no deja de generarnos extrañeza la absoluta falta de voluntad de contacto que entidades, con sello oficial, tienen respecto de Hirigoyen. Máxime si se trata del Observatorio Vasco de mobbing. Es cierto que su objetivo declarado es examinar sentencias y mejorar el saneamiento público relativo al acoso laboral por medio de disposiciones varias, es decir, observar y dirigir a distancia. Esta dimensión de la "distancia" resulta extraña, nosotros quisiéramos sabernos "observados" y saber el resultado de esa observación, pero sobre todo contamos con numerosas experiencias que podríamos aportar a los observadores, no necesitan hacer grandes esfuerzos, basta la comunicación. Se observa la vida salvaje, se observa desde lejos, se observa no queriendo ser vistos, se observa en la sombra, pero además de observar hay que comunicarse.
No puede ser que los afectados estén abandonados a su suerte y que una Asociación voluntarista sea la única que los acoja, siendo negada la más mínima ayuda, por el otro gran foco de responsabilidad sobre el acoso en el país vasco, que es la consejería de Empleo y políticas sociales. Mucho ruido y pocas nueces, mucha visibilidad y simbolismo prestigioso y ninguneo al verdadero trabajo con las víctimas.
El Observatorio tiene un enfoque judicial sobre todo, incluyendo los ámbitos de vigilancia y sanitarios concebidos prejudicialmente (inspección de trabajo, mutuas laborales, etc.). Pero existe una gran tarea intermedia que es la de solucionar las cosas antes de que el afectado por mobbing tenga que caer en el proceso judicial: a la desestabilización del acoso se suma la derivada del proceso judicial, podemos contar entonces con una persona rota cuando lleva inmersa en esta vorágine varios años. Este es el espacio que cubre Hirigoyen, el intermedio, el de evitar la ruptura interior del acosado. Una tarea tan importante respondida desde el silencio. Si hay tanto personaje distinguido, si hay tanta atención de las grandes instancias sociales al problema del mobbing, podría esperarse alguna cobertura de su parte hacia esta Asociación y éste no es el caso en absoluto.
Ellos saben que los psiquiatras no tienen otro medio que las pastillas para los acosados, los psiquiatras están en la impotencia y por eso remiten pacientes a nuestra Asociación, es decir, nada menos que el sistema público y privado de salud, recurre a Hirigoyen como última tabla de salvación para sus pacientes transtornados por el mobbing. Eso es cumplir una necesidad pública sin tener el menor reconocimiento ni ayuda. Toda una paradoja.
Sí hay un organismo al que los afectados de mobbing pueden dar gracias, y es a Bolunta que nos cede espacio en la calle Ronda, un dignísimo espacio, para un único día en la semana que podemos estar abiertos físicamente desde nuestro voluntarismo sin apoyos. Vaya para ellos todo nuestro reconocimiento.
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